Sunday, January 9, 2011

¿Por qué regalar juguetes en el Día de Reyes?

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A estas alturas el lector probablemente ya se ha enterado del motín que se formó en el Coliseo Roberto Clemente el Día de Reyes durante la ya tradicional repartición de juguetes del gobernador. No voy a entrar en cómo se debió de haber organizado la actividad ni en lo que se debió o no de haber hecho (ya se ha dicho suficiente al respecto), sino que quisiera aprovechar la oportunidad para invitar al lector a repensar cómo se realiza esta actividad.

Debo comenzar diciendo que nunca he ido a una de estas actividades. Tampoco tengo intención alguna de ir en un futuro. Es más, me siento muy agradecido de que nunca me hayan llevado cuando niño. Hay una razón muy sencilla para esto: ir a esta actividad me parece la manera más desagradable que se me ocurre de pasar un Día de Reyes. ¿Quién quiere pasar el día haciendo una fila en el calor para recibir un juguete que te lo puede o no dar el gobernador? Hay quienes pernoctan desde la noche anterior para tratar de asegurarse un turno bueno cuando comience la actividad. Vale la pena recordar también la gran cantidad de gente desmayada de este año y el caso de una niña que murió debido al calor en una ocasión anterior hacen ya varios años. Francamente, no vale la pena y no me explico por qué se sigue insistiendo en continuar año tras año este tipo de actividad.

Igual de desagradable es la imagen que se intenta perpetuar del líder benévolo repartiendo bienes a los más necesitados de su pueblo mientras celebra con su familia las tradiciones de antaño. Además de cursi y paternalista (y me atrevería a añadir tercermundista), esta imagen no pude estar más lejos de la verdad. La realidad es que la actividad termina siendo una oportunidad para que el gobernador de turno pueda tirarse fotos que lo hagan lucir bien y para hacer relaciones públicas. No creo que sea exageración decir esto. Por eso se calificó la celebración de este año como todo un éxito, cuando obviamente no lo fue. ¿De qué otra manera se explica también que este año hayan decidido regalar computadoras portátiles además de juguetes? (Dicho sea de paso, este año el gobierno gastó $780,000 en comprar los juguetes, cuando antes eran donados por compañías privadas. Si las computadoras portátiles también fueron compradas con dinero del gobierno, no lo sé.)

Hay quienes han dicho que es importante que se siga haciendo esta actividad porque cumple con una importante función social. Bueno, sí. Pero entiendo que existen mejores maneras de celebrar el Día de Reyes que esta. ¿Por qué no mejor hacer una fiesta real de pueblo? ¿Por qué no aprovechar la ocasión para enseñar y perpetuar lo mejor de nuestras tradiciones? ¿Por qué regalar juguetes en el Día de Reyes y no mejor un día genuinamente agradable que todo el que quiera pueda disfrutar?

Saturday, January 1, 2011

Ciudad vacía: Despedida de año 2010

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A continuación me limito a hacer una observación. Creo que vale la pena hacerla, pues me extrañó mucho en el momento. Pero no tengo el conocimiento suficiente para llegar a conclusiones.

Anoche, durante la despedida de año, fui con mi Mamá a dar una vuelta por Condado para pasar el tiempo viendo las luces y la gente festejando. De camino, comenzó a lloviznar. Así que en lo que pasaban las lloviznas, me desvié hacia el Viejo San Juan para ver las luces allí. Sorpresivamente, no había tapón. De hecho, no había casi tránsito en la ruta. San Juan estaba prácticamente vacío.

Para ese entonces, ya habían pasado las lloviznas y fuimos hacia Condado para caminar un rato. Dejamos la guagua en el Parque de la Laguna y caminamos hacia el puente Dos Hermanos para entrar por ahí a Condado. Se repitió la misma historia del Viejo San Juan; calles con muy pocos peatones, muchos restaurantes cerrados y bien poca actividad, a pesar de que esta despedida de año cayó viernes.

Claro está, es la primera vez que voy al Viejo San Juan y al Condado en una despedida de año. Por eso no sé qué sería lo normal en dicha ocasión. Pero de todos los sitios que se me ocurrieron para pasar una despedida de año, pensé que en Condado habría mucho bullicio y movimiento de gente. El hecho de que no lo había me extrañó muchísimo. Hasta los hoteles grandes que suelen hacer una fiesta para despedir el año lucían medio vacíos. Algunos restaurantes que sí estaban abiertos tenían mucha gente comiendo. Pero vi muy pocos para saber si era la norma.

¿Será indicio del estado de la economía del País? Realmente no lo sé. Pero me parece digno de investigar el que un pueblo como el nuestro, que no necesita muchas razones para festejar, no se haya divertido un poco más en una despedida de año. Habrá que ver qué nos traen las Fiestas de la Calle San Sebastián.

Monday, December 20, 2010

¡Basta ya!

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Desde Río Piedras están saliendo imágenes y noticias que me han dejado con una mezcla desagradable de sentimientos. La tristeza, el coraje, pero sobre todo el sentimiento abrumador de impotencia son muy fuertes. La tentación es intentar algo de distracción; cambiar el canal, la página de internet, acostarme a dormir, lo que sea por tal de no tener que enfrentar ese sentimiento de no poder intervenir para que cese la violencia y que los elementos represivos que se han apoderado de la Universidad de Puerto Rico la dejen en paz. Pero siento que tratar de ignorar lo que está pasando en Río Piedras y Hato Rey sería un acto de indiferencia que me robaría la humanidad, que me llevaría un paso más cerca a convertirme en un ser monstruoso incapaz de sentir el dolor de otros puertorriqueños. No de otras personas; de otros puertorriqueños. Siento que estaría satisfaciendo el estereotipo del puertorriqueño dormido, indiferente, pendiente a lo suyo solamente, que no acaba de despertar para tomar acción y decir "basta ya."

Me rehúso a caer dentro de ese estereotipo. Me rehúso a convertirme en un ser monstruoso incapaz de simpatizar con otros puertorriqueños, de la manera en que lo han hecho los que dirigen el País, personas como el gobernador Luis Fortuño, con su discurso asqueante de hace unos días; su secretario de la gobernación, Marcos Rodríguez-Ema, con sus exabruptos violentos hacia los que piensen distinto a él; el Presidente de la Universidad, José Ramón De la Torre, la Presidenta de la Junta de Síndicos, Ygrí Rivera y la Rectora de Río Piedras, Ana Guadalupe, quienes en su monumental incapacidad para realizar sus trabajos y su apatía hacia la Universidad permiten el uso de la fuerza bruta estatal para dizque mantener orden y seguridad en los recintos; los jueces del Tribunal Supremo, quienes se atrevieron a decir que la Universidad es un espacio semi-público y que por lo tanto, sus administradores pueden decidir como ellos quieran cuáles expresiones son permitidas, dónde y cuándo. Me rehúso a cerrar los ojos ante estas cosas.

Que nadie se equivoque; lo que se ha visto hoy es un acto de represión estatal para callar la disidencia, elemento indispensable para que exista la democracia. No se puede tolerar semejantes barbaridades en Puerto Rico. Quienes han permitido y apoyado la suspensión de derechos civiles y la violencia esencialmente cobarde hacia estudiantes sin armas, sin armadura y en cantidad mucho menor que los agentes que el estado ha desplegado en los recintos no se merecen que se les continúe teniendo en alta estima. Le han fallado de la peor manera posible a quienes juraron defender, traicionándolos sin pensarlo dos veces. A usted, querido lector, y a mí.

Es por esto que mientras dure esta nefasta administración, me dedicaré a denunciar lo que se tenga que denunciar y haré todo lo posible para que el mundo se entere de que en Puerto Rico existe ahora mismo un gobierno de facto neofascista, autoritario y déspota. Si usted que está leyendo esto también cree que este gobierno se ha excedido en sus poderes, lo invito a que haga lo mismo. Comparta noticias, vídeos, y este y otros blogs para regar la voz sobre los atropellos que se ven a diario en el País. Creo firmemente que todos podemos ser agentes de cambio desde una posición no violenta, pero siempre indomable e intachable.

¡Qué vivan los estudiantes! Somos lo mejor que le queda al País.

Monday, December 13, 2010

¿Qué será de la Universidad?

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El futuro de la Universidad de Puerto Rico (UPR) jamás ha parecido tan incierto. Hoy, martes, 14 de diciembre de 2010 comienza oficialmente en la Universidad la segunda huelga del año. Esto a pesar de que todos están conscientes de que una huelga no le conviene en estos momentos a la Universidad. Pero a fin de cuentas, ¿qué otro mecanismo de presión tienen los estudiantes? En más de una ocasión la administración de la Universidad ha dejado claro que no tiene intenciones de dialogar ni de negociar nada. Insisten tercamente en mantener su posición en torno a la cuota de $800. El Tribunal Supremo acaba de emitir una decisión que regula las manifestaciones en la Universidad. El Gobernador ha dicho que va a crear un comité de asesores para enmendar la ley de la Universidad, robándole su autonomía. Y en días recientes, el recinto de Río Piedras se ha convertido en un estado policíaco.

¿Son éstas condiciones conducentes al pensamiento libre, a la creación de un ambiente seguro en donde toda idea y opinión es bienvenida? ¿La presencia de guardias armados en los pasillos de la Universidad se supone que haga a uno sentirse seguro? ¿El ejemplo que dan el Presidente de la Universidad, la Presidenta de la Junta de Síndicos, la Rectora de Río Piedras y otros administradores son reflejo de una educación universitaria, de apertura al diálogo, de amor por la Universidad o de una cultura de paz?

Por supuesto que no.

Si la huelga es el camino correcto en estos momentos, confieso que lo dudo mucho. Pero, entiendo también que para que haya cambio, es necesario que aquellos que están en el poder pasen un poco de incomodidad. Porque de lo contrario, nada pasará, si la historia nos sirve de guía. Desde la Revolución Francesa hasta la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos en la década de los sesenta, no ha habido ni un solo cambio social importante que se haya dado sin conflicto y sin incomodar al que está en el poder. Es por esto que la insistencia de la administración en que si se protesta debe ser en unos lugares especialmente designados y la Universidad debe permanecer como en un día normal hay que mirarla con mucha sospecha. Más todavía cuando la Rectora de Río Piedras, Ana Guadalupe, ha decretado que durante un mes no se podrán celebrar mítines, marchas, protestas, festivales, piquetes y otras actividades.

Desde luego, el hecho de que sea necesario alterar el orden normal de las cosas para lograr que el malestar generalizado de la comunidad universitaria se sienta donde se debe sentir, no quiere decir que se le niegue a nadie el derecho de diferir, como han querido hacer ver el gobierno y la administración de la UPR. Pero, no se puede pretender que, dadas la circunstancias, se continúe con un día normal como si nada estuviera pasando. Eso lo que crea es precisamente eso: la ilusión de que no está pasando nada y que el que protesta lo hace sin razón alguna.

Espero sinceramente que no se repita el derramamiento de sangre que se ha visto en la UPR durante las protestas estudiantiles de la segunda mitad del siglo XX. Pero lamentablemente, después de hoy, cualquier cosa puede pasar.

Sunday, November 7, 2010

El Tribunal Supremo y la separación de poderes en riesgo

Por primera vez en la historia del Tribunal Supremo de Puerto Rico se aprobó sin unanimidad y sin discusión una resolución en donde se le pide a la Legislatura aumentar el número de jueces que lo componen de siete a nueve. La resolución fue aprobada con los votos a favor de los cuatro jueces estadistas nombrados bajo la administración actual y los votos en contra de los tres jueces populares. Cabe señalar que dos de los jueces del Tribunal Supremo, Rafael Martínez Torres y Mildred Pabón Charneco, afirmaron durante sus vistas de confirmación en febrero que un aumento en el número de jueces se debía discutir en el pleno del Tribunal y que no se debía tomar a la ligera.

La resolución de veintidós páginas emitida por los jueces estadistas pretende justificar lo injustificable. Entre las razones que dan están el mejorar la eficiencia del Tribunal, la celebración de un número mayor de vistas orales y el permiso implícito que el pueblo alegadamente le dio al Tribunal en la consulta de 1994, cuando se quería enmendar la Constitución para aumentar el número de jueces, de que fuera el mismo Tribunal el que decidiera si aumentaba o no el número de miembros. Todas estas razones son falsas.

El juez presidente del Tribunal Supremo, Federico Hernández Denton, se expresó en contra de la resolución por entender, con razón, que es completamente innecesaria y arbitraria. Según reportado en El Nuevo Día, "El jefe de la Rama Judicial acompañó su voto con seis anejos estadísticos para defender su posición de que el número de casos pendientes en el Supremo es de 155, sólo 10 casos más que en 1975, cuando el Supremo redujo a siete el número de sus jueces." De igual manera se expresaron en contra dos ex jueces presidentes del Tribunal Supremo, José Andréu García y Miriam Naveira, además de varios abogados. El presidente del Colegio de Abogados, Osvaldo Toledo, también se ha expresado en contra, aunque el Colegio oficialmente no ha emitido declaraciones al respecto.

La administradora de los Tribunales, Sonia Ivette Vélez, estimó que este cambio en el Tribunal Supremo le costará al pueblo de Puerto Rico $800,000 anuales por juez. Pero el costo real de esta medida es aún mayor. Un juez del Tribunal Supremo se retira normalmente a los 70 años. Una vez alcanzada la edad de retiro, cualifica para recibir una pensión durante el resto de su vida equivalente al 100% del salario que se ganaba como juez (aproximadamente $120,000). Cuando muere, la pensión pasa a su cónyuge, quien la recibe también por el resto de su vida. Claro está, el juez no tiene que esperar a los 70 años para retirarse; lo puede hacer después de sólo ocho años de servicio y comoquiera puede recibir la pensión, aun si después decide volver a representar clientes en corte. Así que, el ex juez estaría cobrándole tanto a su cliente (que de seguro no será Juan del Pueblo) como al erario público. De más está decir que Puerto Rico no está en posición alguna para costear semejante gasto. Ni hablar de que esta práctica es, por lo menos, éticamente cuestionable.

La realidad es que el Tribunal Supremo no necesita dos jueces adicionales. La resolución hecha por los cuatro nuevos jueces estadistas, quienes tienen el atrevimiento de hacer una recomendación tan abarcadora después de haber llegado literalmente los otros días a sus cargos y que todavía están en el proceso de aprender a hacer su trabajo, responde a intereses puramente político-partidistas. Este drama se puede ver como el más reciente acontecimiento de una serie de medidas que el Partido Nuevo Progresista, que ni es nuevo ni es progresista, impulsa para obtener control duradero sobre las instituciones del País. Sin lugar a dudas, esto es un ataque directo a cualquier opinión o manera de pensar distinta a la de la administración actual. Por lo tanto, esto es un ataque a la democracia. No debemos olvidar que uno de los casos pendientes en el Tribunal Supremo es el de las violaciones al Reglamento del Senado y a la Constitución de Puerto Rico hechas por el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz. Dicho sea de paso, este caso se le quitó al Tribunal de Primera Instancia y fue directamente al Supremo a petición del Sr. Rivera Schatz.

Así que, aunque el aumento en el número de jueces del Tribunal Supremo no tenga lógica alguna dado el panorama económico de Puerto Rico y la historia del Tribunal, no me sorprendería que esta misma semana el Gobernador apruebe una medida que lo único que lograría hacer es debilitar aún más la ya frágil separación de poderes y dañar la imagen de lo que debería ser una de las instituciones más confiables de Puerto Rico.

Tuesday, October 26, 2010

"Premium Thoughts"

Ayer en el trabajo me entró la canina, como diría mi jefa. Ya habían pasado varias horas después de haber almorzado. Así que, como de costumbre, abrí el armario donde guardamos meriendas para todo aquel que quiera picar de vez en cuando y miré a ver qué me apetecía. Recuerdo que alguien había dejado uno de esos paquetes de fideos orientales de embuste, de esos que se calientan en el microondas. Ya llevaba mucho tiempo ahí pero, según la fecha de expiración, todavía estaban buenos. Así que, como nunca supimos de quién eran, decidí que era buen momento para darles muerte.

Al abrir el paquete vi que trajo dos bolsitas, una que decía "liquid seasoning" y la otra "premium ingredients." Esta última fue la que me llamó la atención. ¿Exactamente qué quiere decir que los ingredientes son Premium? ¿Quiere decir que son mejores? ¿Que son más caros? ¿Será que tienen más nutrientes o que te dejan más lleno? Me he percatado recientemente de una tendencia de ponerle esa palabra, premium, a un montón de cosas, sobre todo comidas. McDonald's vende Premium Coffee,  Nabisco hace unas galletas saladas Premium, Subway tiene una categoría de sándwiches Premium, Wendy's vende ensaladas Premium y sándwiches de pescado Premium. Y las gasolineras venden gasolina regular y gasolina Premium. La única diferencia que veo entre la comida Premium y la gasolina Premium es que con la gasolina sé por qué le ponen ese adjetivo. (Por si acaso, es porque el octanaje es más alto.)

Una mirada al New Oxford American Dictionary reveló que cuando le ponen ese adjetivo a algún producto es porque la calidad es más alta y, por lo tanto, el precio también. (Relating to or denoting a commodity or product of superior quality and therefore a higher price.) Lo del precio más alto lo creo; los productos Premium invariablemente cuestan más que los regulares. Pero, ¿mejor calidad? No sé. (Curiosamente, todas las demás definiciones tenían que ver con dinero.)

Si tuviera que escoger una palabra para describir los ingredientes de la bolsita que vino con los fideos que me comí, la verdad es que no sé cuál sería. Pero, definitivamente no sería Premium. Y estoy seguro de que no hay que ser de un país de Asia para estar de acuerdo conmigo.

Sunday, October 24, 2010

Ana Guadalupe no debe ser rectora de Río Piedras. Punto.

"Me felicito a mí y felicito a la Junta de Síndicos y felicito a Puerto Rico por haber escogido una científica extraordinaria y una administradora extraordinaria." Con estas palabras el Presidente de la Universidad de Puerto Rico (UPR), José Ramón de la Torre, anunció ayer sábado la confirmación de la Dra. Ana Guadalupe como rectora del recinto de Río Piedras.

Mientras el Presidente de la Universidad y la mayoría de los miembros de la Junta de Síndicos se congratulan entre sí, la comunidad universitaria mira horrorizada cómo los ejercicios democráticos de la administración de la UPR son pura apariencia y nada más. ¿Por qué molestarse en hacer un Comité de Búsqueda y Consulta si finalmente el Presidente nombró a quien le dio la gana? El rechazo de estudiantes, profesores y personal no docente al nombramiento de la Dra. Guadalupe como rectora fue claro y contundente. Una vez más queda de manifiesto la intransigencia de esta administración y la ausencia de diálogo con la comunidad universitaria.

Una administración responsable hubiese descartado a la Dra. Guadalupe como candidata a rectora. Nada más basta con recordar que fue ella quien dio la orden de que el recinto de Río Piedras se mantuviera cerrado hasta finales de junio. Cabe mencionar también que la falta de cursos y secciones ahora mismo en Río Piedras es producto de una orden explícita de ella de reducir la oferta académica en aras de ahorrar dinero. Y como si no fuera suficiente esto, la Dra. Guadalupe está también bajo sospecha de haber cometido perjurio en unas vistas públicas celebradas el 15 de septiembre. Un rector genuinamente dedicado a la Universidad jamás hubiese permitido que la calidad de la enseñanza bajo su administración y la imagen de la Universidad se afectaran de la manera en que lo está haciendo ella. Y mucho menos apoyaría una cuota draconiana de $800 impuesta a todo estudiante para paliar la crisis económica generada por ineptitudes, malversaciones y fraudes cometidos por administradores de su estirpe.

Por eso, ante los ataques claros a la autonomía universitaria, la transparencia institucional y a la democracia en la toma de decisiones administrativas, es ahora más que nunca que la UPR necesita gente comprometida con la educación superior pública de excelencia y accesible a toda persona sin importar su condición económica. Más que nunca hay que apoyar los justos reclamos de la comunidad universitaria. Y más que nunca Puerto Rico debe solidarizarse con sus estudiantes universitarios. Ahora mismo, somos lo mejor que tiene el País.